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miércoles, 8 de junio de 2016

Ayudar a bien morir, puede ser una buena opción.


El tema ya de por si es difícil porque a nadie le gusta pensar que algún día alguno de nuestros adultos mayores va a partir, sin embargo es mejor estarlo a que nos tome por sorpresa. Enfrentar este tema puede resolver algunas cosas que a veces no sabemos como manejar y armarse de valor para poder lograrlo y por ello les pondré estos tres ejemplos. Espero que les guste.

Esta experiencia que les voy a contar puede resultar interesante para algunos e incomoda para otros, la idea en fin es que cada quién decida lo que considere mejor.
La historia que les voy a contar refiere a una persona que se ha enfrentado a la muerte en tres ocasiones y con diferentes personas, hechos que marcaron su vida y le hicieron reflexionar sobre el significado de la vida y el momento en el que una persona está por partir de este mundo.
La primera experiencia fue hace muchos años cuando vio morir a su abuela y tuvo que acostarla en su cama para que los servicios funerarios se hicieran cargo del momento.

La abuela era una mujer que falleció a los 92 años, tuvo una vida realmente dura, de mucho trabajo desde pequeña y con 3 hijas a cuestas no la tuvo fácil. Al final de sus días vivió durante largas temporadas con cada una de sus hijas hasta que la muerte la alcanzó en casa de una de sus hijas.
El día que partió era un día cualquiera, nada especial, hizo lo que siempre hacía una mujer de 92 años, despertar, dejar que la vistieran, la asearan  y darle de desayunar, claro este le llegaba en bandeja porque a esa edad ya no se podía parar fácilmente, sin embargo no estaba enferma, algo sorprendente para su avanzada edad, lo único de lo que padecía era de cataratas y eso no le permitía ver aunque unos años antes tuvo la osadía de operarse y lograr ver con un ojo con lo cual pudo ver a sus tataranietos.
Tal vez eran las 11 am, nadie lo sabe a ciencia exacta, pero después de almorzar sintió un gran cansancio y pidió sentarse en su sillón preferido hasta quedarse dormida. Se durmió pero para siempre y no volvió a despertar, su semblante era de una paz y una tranquilidad que sorprendía, no se despidió de nadie, no hubo ceremonias, no hubo desfile de parientes, solo era ella en esa habitación y su hija que se encontraba en labores normales de ese día. Se fue tranquila, se fue en paz y la reflexión de esta historia es que una vez que haz cumplido tu misión y ya no tienes nada que hacer aquí, te regalan la paz eterna sin dolor y sufrimiento, es como un pago por todo lo que viviste durante esos 92 años. Lo mejor de esta historia es que la muerte le llegó dormida y yo creo que es la mejor manera de irse de este mundo, sin dolor, sin sufrimientos, sin llantos y dramas familiares, parientes que se confiesan en el lecho de muerte o arrepentidos.
Creo que esta es la mejor partida que uno puede tener y en este caso el solo acompañarle en su partida puede ser importante para que encuentre la luz al final del camino.

La segunda historia es un poco diferente y se refiere a la hija, si la hija de la persona que menciono en esta primera historia, igual que la madre con una vida tal vez menos dura, menos pesada, casada con 4 hijos, dedicada a su casa,  no tuvo riquezas pero tampoco pobreza, el esposo siempre trabajador cumplió con darles educación y comida a su familia. La hija tuvo una vida de accidentes caseros, tuvo varias fracturas de huesos durante su vida, padeció de derrames biliares, era muy enojona, y en el ocaso de su vida tuvo cancer de vejiga que la libró de la muerte gracias a una atención medica pronta, aunque el cancer regresó años después y contando con 86 años llegó el momento del fin.
Hay personas que se aferran a la vida y no desean morir porque sienten que les falta algo, que necesitan decir algo, que desean recibir algo, ver a alguien en especial o simplemente porque tienen miedo a morir.
En este caso la muerte llegó rápido, no hubo sufrimiento y si lo hubo, fue leve, entiendo que esto es porque en vida uno ya sufrió lo que tenía que ser y cuando llega el final solo hay que esperar.
En este caso, cuando la mujer en su lecho de muerte entró en el proceso de agonía parecía que luchaba contra algo o alguien  y en ese momento el decirle que se fuera tranquila, porque ya había cumplido con  su misión en la vida fue de una gran ayuda, el recordarle las cosas buenas que hizo, las buenas acciones, las buenas palabras, el buen ejemplo que dio, el construir una familia y muchas cosas mas puede ayudó a que la persona se fuera tranquila y en paz.
Alguien dice que las personas antes de morir oyen todo a su alrededor y que están consientes de lo que sucede y una vez que se desconectan entran al túnel que los lleva a otra dimension.

La tercera historia se refiere al esposo de la mujer que menciono en la historia anterior, un hombre bueno, trabajador, cariñoso con sus hijos, con su esposa, con su madre, hombre simpatico, dicharachero y algo parrandero.
Tuvo una vida difícil pues quedó huérfano de padre a los 5 años y tuvo que jugarse la vida a muy temprana edad. El era el penúltimo de 8 hermanos y por mala fortuna tuvo que dejar de estudiar a los 13 para comenzar su vida laboral como ayudante de plomero ya que faltaban los recursos en su casa puesto que su madre al quedar viuda habría tenido que buscar nuevas oportunidades en una ciudad mas grande ya que el pueblo de donde venían era de gente pobre y numerosa.
A el la muerte lo alcanzó algo joven, solo tenia 65 años y de repente de un pequeño dolor abdominal que parecía una hernia, se desencadenó un cancer de estomago que avanzó con mucha velocidad.
Estos serán los 5 meses mas largos de su vida y de la vida de su familia en donde prácticamente vivirán en hospitales cuidando al enfermo.
La agonía de este hombre fue larga porque tuvo multiples complicaciones y hasta donde podían entender el luchó por su vida hasta el ultimo instante y cuando una persona no está preparada para llegar a este momento el final puede ser muy largo y doloroso, y aquí es cuando uno puede ayudar a lograr el bien morir.
Su agonía se puede dividir en tres partes, la primera cuando se da cuenta que tiene una enfermedad terminal pero que también genera una esperanza de sobrevivir a ella con algo de suerte, la segunda cuando y después de hacer lo mejor por parte de la medicina el cuerpo empieza a fallar y deteriorarse y la tercera cuando empieza el camino del fin y ya no hay vuelta atrás.
En este caso se le pudo acompañar hasta el fin y en sus ultimas horas el decirle que descansara, que estuviera en paz, que llegaría a un mejor lugar y que acabarían los dolores pudo ayudar a su buen partir.

La conclusion de estas historias es que uno debe estar preparado para morir, la familia debe estar preparada para morir y lo que puedan expresar antes, en el lapso y al final puede resultar importante para la el adulto mayor que esta preparando su salida.
A veces somos egoístas y lloramos e imploramos que la persona no se muera y tal vez eso le provoque dolor emocional porque siente que esta dejando a alguien desamparado.
Ayudemos a bien morir a nuestros adultos mayores y provoquemos que se vayan tranquilos y contentos cuando llegue el final.

Espero que estas tres historias que les he contado les ayuden a comprender mejor el duro proceso de ver partir a un ser querido.
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Saludos y hasta la próxima.






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